El andar del misterio, con su
característico barco, y la elegancia del palio del Consuelo marcaron una salida
en la que la cofradía volvió a reafirmarse como una de las más reconocibles de
la Semana Santa ciudadrealeña
La tarde se abrió con un sol firme y un
viento que corría por las calles sin deslucir una salida que volvió a congregar
a muchísimo público desde el entorno del Guardapasos, donde la Hermandad de
Nuestro Padre Jesús de la Bondad y María Santísima del Consuelo (Flagelación)
comenzó a tomar la calle con ese pulso que la identifica, con medio millar
largo de hermanos implicados en la jornada y con la sensación de que el
Miércoles Santo se asentaba sobre un cortejo que se reconoce a sí mismo después
de un 2024 sin salir y un 2025 pasado por agua.
El misterio de Nuestro Padre Jesús de la Bondad fue el primero en asomar, con la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús Rescatado de La Solana marcando el compás desde la Marcha Real y dejando después un repertorio que fue acompañando cada tramo con intención de formar una amalgama reconocible, desde Cáliz de Vida o A Ti, Jesús Rescatado en Quevedo hasta momentos señalados como El Verbo en la esquina de la Virgen o Salus Christi ya en la recta final.
Bajo el paso, dos cuadrillas de 48
costaleros que se alternaban dieron forma a ese andar característico, con
cambios ajustados, con el barco moviéndose con ese sello propio que en Ciudad
Real ya se reconoce como uno de los rasgos más definidos del Miércoles Santo.
El conjunto avanzó con fuerza en calles
como Lanza, donde el saludo a la Hermandad de la Soledad se convirtió en uno de
los puntos de mayor intensidad de la tarde, con el público muy encima y con el
paso respondiendo con ese compás largo que permite recrearse sin romper el
ritmo.
Desde ahí, el recorrido fue ganando cuerpo
entre marchas como Sentimiento Gitano en la Plaza Mayor o Y Yo Soy la Salud en
el Prado, en un discurrir que encontró otro de sus momentos señalados en el
Pasaje de la Merced, donde ambos pasos coincidieron en una estampa que volvió a
dejar la sensación de conjunto, de hermandad entendida desde dentro hacia
fuera.
Tras el misterio, el palio de María Santísima del Consuelo fue tomando la calle con un silencio que se imponía solo, con la Banda de Música Calatrava la Vieja sosteniendo un repertorio clásico y reconocible, en el que sonaron marchas como Esperanza Macarena, Siempre Macarena o Amarguras en Santiago, que fueron marcando el tono de una cuadrilla que trabajó con gusto, con una forma de andar que en Ciudad Real se asocia ya a la Gracia bajo palio.
La revirá en Feria con Prado, en la esquina de la Virgen, junto al azulejo que los costaleros dedicaran a María Santísima del Consuelo, dejó uno de los momentos más completos de la noche, con el palio revirando con despacio, con la marcha repetida y con el público respondiendo en silencio, mientras el paso se asentaba sobre los pies con un trazo limpio.
Desde ahí hasta Santiago, donde se produjo el saludo a las Hermanas de la Cruz, la cofradía alcanzó uno de sus puntos más emocionales, con el recogimiento creciendo en torno al palio y con la sensación de que la Virgen avanzaba envuelta en ese respeto que sólo se consigue cuando todo encaja.
El paso por el Pasaje de la Merced volvió a reunir a los dos titulares en una escena de las que definen una jornada, con la estrechez del espacio obligando a medir cada movimiento y con ambas cuadrillas respondiendo con oficio. A partir de ahí, la noche fue cayendo sobre un recorrido que mantuvo el pulso en todo momento, con calles llenas y con la hermandad sosteniendo su propuesta sin altibajos.
La recogida terminó de confirmar esa
línea. El palio del Consuelo se gustó en el tramo final, donde la cuadrilla
dejó para la posteridad de la historia costalera de la capital ciudadrelañea “un
paseazo', con poderío, con el paso avanzando casi sobre los pies, en una de
esas entradas que quedan fijadas en la memoria de aquellos que tienen la suerte
de andar por los alrededores de sus respiraderos o de aquellos que ven a la
Virgen venir de frente.
Acompañado por marchas finales como
Siempre la Esperanza o la Marcha Real ya en el entorno del Guardapasos , el
paso se adentró en el patio en torno a las 0.15 horas, cerrando una jornada en
la que la Flagelación volvió a mostrarse como lo que es: una cofradía hecha,
reconocible, que se sostiene en su estética y en su manera de entender la
calle.



























